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platon, aristoteles
1.
SOCIOLOGÍA
ANTIGUA
GRECIA: PLATÓN Y ARISTÓTELES1.
Comenzamos por Platón (427-347 A.C) quien, interpelado
por los problemas que acuciaban a la sociedad de la época, siempre tuvo muy
presente la reflexión
sobre el Estado y la organización más deseable de los individuos en el seno del
mismo. Sin abundar demasiado en la teoría platónica del Estado ideal y
del Filósofo Gobernante, donde se apreciaba una importante dosis de
determinismo, a saber, la idea de que la función social y el estrato en el que
se alojará al individuo venían predeterminados y vinculaban a un individuo a un modo de vida y una
labor en concreto en el seno del grupo, diremos que se trata más bien de una
teoría utópica o ideal conforme a la filosofía del autor. Para Aristóteles no es concebible ni deseable una
democracia en sentido estricto, pues el poder ha de residir en manos de clases superiores, cuya riqueza,
formación de mejor calidad y mayor tiempo libre -sin preocupaciones como las de
mantener a una familia o sobrevivir- harían de los individuos situados
más arriba en la pirámide social las personas más aptas para poder gobernar con
plena dedicación y sin distracciones, Aristóteles clasifica las formas “puras” -buenas- de
gobierno de la siguiente forma: 1.Monarquía 2.Aristocracia 3.Democracia.
Para el pensador,
el hombre es fundamentalmente un “animal político“, que adquiere valor e importancia porque los
demás seres humanos se la otorgan, de ahí que la política, como actividad
eminentemente por y para la sociedad, sea la vía última de realización del
hombre.
Podemos encontrar un enfoque similar al descrito
en los análisis realizados en obras como
“La Ciudad de Dios” de
Santo Agustín o en la doctrina de Santo Tomas de Aquino. Este último
extraerá muchas ideas del pensamiento aristotélico, interpretando que el hombre es un “animal social” nacido
para vivir en el seno de una comunidad bajo el poder de una autoridad cuya
potestad se justifica en la elección por designación divina,Cambria (Títulos); Esta manera de pensar y vivir consiste pues en una mezcla
entre racionalidad y espiritualidad.
Nace la concepción
del libre albedrío y -consecuencia de éste- la responsabilidad. De ello se
implica una concepción análoga del hombre como ser racional, libre y responsable que consuma su
libertad mediante la elección. Nace, por tanto, el individuo propiamente
dicho. Por otro lado
Maquiavelo escribiría en 1513 su obra “El Príncipe” donde un estadista ficticio recibiría
consejos sobre el “arte de gobernar”. Así, en el escrito se toma la
política como una actividad autónoma, como un fin en sí misma, describiendo sus
mecanismos e impartiendo recomendaciones para conservar el poder. Su obra
carece totalmente de tintes morales o religiosos, alejándose totalmente de la
opresión y el oscurantismo religiosos.
La gran
importancia de Maquiavelo y su obra reside en la concepción científica aportada
a la política, buscando mecanismos concretos, empíricos, para que los gobernantes puedan desarrollar
correctamente su función. Para los ilustrados
la sociedad era susceptible de ser mejorada indefinidamente mediante el
perfeccionamiento del uso de la razón. Y es precisamente en torno a este último
concepto que gira el pensamiento ilustrado y la gran producción científica -y
sociológica- que se diera entonces, Rousseau, Jean-Jaques
partió de la idea de que el hombre es un ser originalmente bueno, y que es la
sociedad la que corrompe dicha naturaleza. Se sigue de ello una posición en parte a contra
corriente con respecto a una buena parte de la ilustración, defensora a
ultranza de la razón, la ciencia y el progreso. Y es que para Rousseau
precisamente es el progreso científico y cultural lo que corrompe al ser humano, que abandona
sus cualidades originarias de libertad e igualdad. Sostiene que, aunque
no haya vuelta atrás, sí deberían reorientarse las conductas y la organización
social de amén de superar la decadencia moral que subsigue al desarrollo
científico-cultural. Rousseau, Jean-Jaques
partió de la idea de que el hombre es un ser originalmente bueno, y que es la
sociedad la que corrompe dicha naturaleza. Se sigue de ello una posición en parte a contra
corriente con respecto a una buena parte de la ilustración, defensora a
ultranza de la razón, la ciencia y el progreso. Y es que para Rousseau
precisamente es el progreso científico y cultural lo que corrompe al ser humano, que abandona
sus cualidades originarias de libertad e igualdad. Sostiene que, aunque
no haya vuelta atrás, sí deberían reorientarse las conductas y la organización
social de amén de superar la decadencia moral que subsigue al desarrollo
científico-cultural.Una de las cuestiones
fundamentales del pensamiento medieval es la de la relación entre la fe y la
razón. El conocimiento al que se llega por la razón es
un conocimiento evidente y da lugar a la filosofía y la ciencia; el que se
fundamenta en la fe no es evidente –aunque pueda ser para un creyente más
verdadero que el filosófico–, y da lugar a la experiencia religiosa. Como
consecuencia de la diferencia en el método de fundamentación de las creencias
puede ocurrir que las tesis a las que se llega a partir de la fe sean distintas
de las tesis a las que se llega a partir de la razón, y la historia muestra
claramente el conflicto que se puede establecer entre estos dos ámbitos o
esferas (la esfera sobrenatural y la esfera natural). En el siglo XIII el
conflicto se vivió intensamente con el redescubrimiento del pensamiento
aristotélico. Aristóteles no es claro en el tema de la eternidad del mundo y la
inmortalidad del alma, y algunos intérpretes consideraron que defendía la
eternidad del mundo y la mortalidad del alma individual. Teniendo en cuenta que
el dogma cristiano afirma la creación del mundo y la inmortalidad del
alma no es extraño que los cristianos aristotélicos tuviesen aquí un conflicto.
La teoría de la doble
verdad quiere ser una solución: según esta teoría hay dos verdades, la verdad de la
religión, para la cual, por ejemplo, el alma de cada persona es inmortal, y la verdad de la razón y la
filosofía para la cual el
alma individual no es inmortal. Nietzsche,
Friedrich (1844-1900),
filósofo, poeta y filólogo alemán, cuyo pensamiento está considerado como uno
de los más radicales, ricos y sugerentes del siglo XX.
Uno de los argumentos fundamentales de Nietzsche era que los valores
tradicionales (representados en esencia por el cristianismo) habían perdido su
poder en las vidas de las personas, lo que llamaba nihilismo pasivo. Lo expresó en su tajante
proclamación “Dios ha muerto”. Estaba convencido de que los valores
tradicionales representaban una “moralidad esclava”, una moralidad
creada por personas débiles y resentidas que fomentaban comportamientos como la
sumisión y el conformismo porque los valores implícitos en tales conductas
servían a sus intereses.
2.

3.
Las filosofías de Platón y de Aristóteles marcan actitudes netamente distintas, cuyo profundo influjo se prolonga en la historia del pensamiento, hasta nuestros días. Se trata de dos espíritus y dos actitudes diferentes ante la realidad. El esfuerzo extraordinario de Platón queda invalidado por el uso de método equivocado y la aceptación de premisas sin fundamento. Aristóteles adopta método diferente, basado en la realidad, que comprendió como pocas personas, y alcanzó así valiosos resultados. Aristóteles en cierto modo retorna al método socrático en su verdadero sentido ascendente, partiendo de la realidad de los individuos sustanciales del mundo físico. Ellos construyen las ciencias en el orden lógico hasta alcanzar, por pasos bien fundados, la única realidad trascendente que es Dios. Revaloriza la experiencia sensible, combinada con firme confianza en el poder universalizador de la razón, fundamentos de su vigoroso realismo. Platón es brillante, con lo que ha atraído a muchos. Pero Aristóteles, más sencillo, alcanza mayor sabiduría en el conocimiento de la realidad.
Increíbles virtudes acompañan la influencia de estos filósofos a lo largo de los siglos. La recuperación y entrada de las obras de Aristóteles a Europa es un caso asombroso. Y los hombres han hecho sus preferencias a lo largo del tiempo.
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