BLOQUE 2 POSITIVISMO 


Para los positivistas la ciencia se debe de desarrollar continuamente para permitir controlar el destino de la especie humana y conducirla a una vida individual y social fincada en un saber sin prejuicios que permita tener una vida libre e individual.

Las ciencias naturales aplicadas a la industria permiten controlar el ciclo de producción de alimentos y así combatir el hambre; en el organismo humano permiten controlar pestes y enfermedades que se salen de control; en instituciones sociales ayuda a combatir los problemas sociales.


Las ciencias sociales deberían de crear instituciones que reduzcan la conflictividad social, armonicen intereses individuales y sociales y que tengan nuevas formas de convivencia y solidaridad para lograr la paz social y mantener el progreso.
Creó la palabra altruismo (dar sin esperar nada a cambio), en función de lo cual vivió: dio clases gratis de astronomía, escribió una enciclopedia de varios tomos él solo, todo para mejorar un mundo avaro en el que él sólo se empobreció.

LA LEY DE LOS TRES ESTADOS Y LA IDEA DE PROGRESO, SEGÚN AUGUSTO COMTE
La humanidad en su conjunto y el individuo como parte constitutiva, está determinado a pasar por tres estados sociales diferentes que se corresponden con distintos grados de desarrollo intelectual: El estado teológico, el estado metafísico y el estado científico o positivo.

Este tránsito de un estado a otro constituye una ley del 
progreso de la sociedad, necesaria y universal porque emana de la naturaleza propia del espíritu humano. Según dicha ley, en el estado teológico el hombre busca las causas últimas y explicativas de la naturaleza en fuerzas sobrenaturales o divinas, primero a través del fetichismo y, más tarde, del politeísmo y el tercer estado positivo monoteísmo.
CARACTERÍSTICAS DE LA FILOSOFÍA POSITIVA
La filosofía positiva como tipo de conocimiento propio del último estado de la sociedad, se define por oposición a la filosofía negativa y crítica de Rousseau y Voltaire a la que Comte atribuye los males de la anarquía y la inseguridad social que caracterizan al período post-revolucionario.

Lo positivo tiene como características el ser útil, cierto, preciso y constructivo.
CLASIFICACIÓN DE LAS CIENCIAS
Si la aparición del estado positivo se correlaciona con la mayoría de edad social e intelectual de la humanidad, esto se debe a la desaparición del espíritu metafísico como una evolución natural hacia el estado idóneo de la razón que traerá consigo el orden y la reorganización social. Se trata de una total "regeneración" que viene determinada por el progresivo desarrollo de las ciencias que, según Comte, han seguido cursos y ritmos distintos, siendo la más retrasada la física social.

La filosofía positiva hace un intento de clasificación de las ciencias, concebidas unitariamente como ramas de un tronco común que, evolutivamente, forman un continuo en el que el desarrollo de cada una establece las bases de la ciencia siguiente.

Comte clasifica las ciencias en cinco fundamentales: Astronomía, física, química, fisiología y sociología.
CÓMO EDUCAR DESDE LA FILOSOFÍA

Para Estanislao Zuleta la educación cuenta con un problema esencial que va de la mano de la enseñanza limitada a resultados y que no da cuenta de los procesos de pensamiento. Este problema es el de enseñar sin filosofía, lo que deja como resultado una educación sin cuestionamientos y sin debate. Por el contrario, una educación filosófica propendería por el pensar mejor, el cuestionarse y el encaramiento de contradicciones. Por medio de esta visión amplificada, Zuleta pretende volver al sentido griego de la filosofía visto a través del amor a la sabiduría y del hombre como ser que busca la universalidad.

Educar desde la filosofía quiere decir sobreponer a nivel académico la enseñanza de la filosofía en una búsqueda permanente de la racionalidad. Para esto, Zuleta se apoya en los preceptos kantianos del pensar por sí mismo, ser capaz de ponerse en el lugar de referencia del otro y llevar las verdades hasta las últimas consecuencias; preceptos que dejan ver el rol de la filosofía como algo propio de cualquier campo de conocimiento, en tanto se relaciona con el constante cuestionamiento de los saberes como contenidos académicos dados y vedados de cualquier significación o explicación profunda.
Para el desarrollo del pensamiento filosófico, las tres categorías presentadas por Zuleta dan cuenta de las características a las que deberían tender los procesos educativos en la formación como filosofía.

La enseñanza de las materias en forma filosófica presenta los principios explicativos que relacionan los sucesos en un contexto determinado y las posibles consecuencias que ese hecho puede generar o pudo haber generado; desmitifica los hechos históricos como fechas exactas que se pierden, porque lo que se pretende es abarcar la universalidad de ese momento, es decir, la forma en que se afectaron todos los ámbitos del entorno social.
VISIÓN DE ZULETA DEL HOMBRE DESDE EL PSICOANÁLISIS
De acuerdo a los estudios realizados por Zuleta sobre el psicoanálisis de Freud, es claro cómo adopta una posición frente  a la sexualidad, motivo por el cual concluye que la personalidad está supeditada a los impulsos humanos y los imperativos sociales, donde denota que el instinto sexual lucha contra la moralidad que lo limita. Así, en su afán por entender al ser humano en todas sus dimensiones, deduce que la sexualidad responde directamente a la identidad y que ésta a su vez ha sido construida por unas categorías sociales que no son propias del individuo sino impuestas por un orden moral.
Sobre esa base, se considera que esa lucha de Zuleta contra la moralidad resulta contraproducente, en tanto se contempla que una de las preocupaciones de la Iglesia frente  a la sexualidad gira entorno a las dificultades que presentan los padres de familia para ofrecer a sus hijos una adecuada preparación para la vida  adulta, especialmente para la educación sexual. Sobre esta premisa, se parte de la existencia de unos preceptos morales y espirituales de la vida cristiana que giran en torno al respeto de los valores evangélicos para la formación adecuada de la familia. Así pues, los principios morales no los concibo como un escenario que coarte los impulsos humanos, sino como un elemento que orienta el adecuado desarrollo de la juventud en sociedad. Como lo dispone  el Pontificio Consejo para la Familia, “la sexualidad no es algo puramente biológico, sino que mira a la vez al núcleo íntimo de la persona.
En ese orden, la felicidad surge como una construcción de discursos ajenos a la realización del ser que lo apartan de preceptos reales y no premeditados. Por tal motivo, considero acertada su posición frente a la felicidad, ya que aun cuando la aborda desde el psicoanálisis, es claro que esa percepción puede trascender al plano espiritual donde la felicidad está exenta de logros materiales, sino ligada a la plenitud de la intimidad con Dios, libre de idealizaciones superfluas. Finalmente, el factor de la felicidad consistente en pensar, construir, estar activo y construir con el otro. Por tanto, la doctrina de la Iglesia se encuentra encaminada a un camino de felicidad donde, según el Catecismo de la Iglesia Católica: “La bienaventuranza prometida nos coloca ante opciones morales decisivas. Nos invita a purificar nuestro corazón de sus malvados instintos y a buscar el amor de Dios por encima de todo. Nos enseña que la verdadera dicha no reside ni en la riqueza o el bienestar, ni en la gloria humana o el poder, ni en ninguna obra humana, por útil que sea, como las ciencias, las técnicas y las artes, ni en ninguna criatura, sino sólo en Dios, fuente de todo bien y de todo amor” (Catecismo de la
 UN CAMINO HACIA EL HUMANISMO
Una vez se han evaluado las características del ser humano en su sentido individual y colectivo, se abre paso al aporte que hace Zuleta al Humanismo social, donde se goza de elementos necesarios y decisivos para la construcción de ciudadanía desde la integralidad.
En ese sentido, conforme al desarrollo del ser, Zuleta depone la necesidad de optar por la perfección intelectual del ser humano a través de mecanismos que permitan al individuo cuestionarse, liberarse de sesgos cognitivos, interiorizar en el otro, construir colectivamente. Adicional a ello, no es de negarse su inmensa preocupación por una sociedad abierta a oportunidades para el ser humano, bajo los valores de la justicia, la equidad, el respeto, la igualdad y la libertad, con el deseo de que se repliquen en instrumentos refutables todos los días para la dinámica del pensamiento. 
 Sin duda alguna, “la humanización es comprendida como la forma en que la educación del hombre incluye la palabra de Dios y por tanto, es orientada en sus preceptos con el objetivo de guiarlo hacia la libertad de la religión. Dicha humanización es reconocida por la iglesia como la capacidad de comprender la dignidad, la justicia, la fraternidad y la libertad como condiciones del hombre y como aspectos posibilitadores de su acción, en tanto ser individual y ser social […] (p. 182)”. En contraste, el carácter humanístico de la educación de Zuleta, abre un puente de comunicación en lo que al educando le corresponda de acuerdo a su libre albedrío, sea éste más abierto a la fe o a la racionalidad.
Éste sentido humanista,  resulta aún más importante con el contexto socio-político colombiano, en que la situación de conflicto armado ha permeado cualquier intento de construcción de paz, situación que ha puesto en detrimento a la sociedad por medio de la violación sistemática de Derechos Humanos, la violencia institucionalizada, la pobreza y desigualdad, etc. Así las cosas, solo a través de las herramientas consolidadas por medio de la educación político-transformadora propuesta por Zuleta, en donde la construcción del ser humano éste inmersa en alternativas de hacer ciudadanía bajo el precepto de las conductas humanas en sociedad, junto con la aplicación de la doctrina social de la Iglesia, será posible la depuración de las dinámicas del poder que desalientan las iniciativas de cambio.
La índole social del hombre demuestra que el desarrollo de la persona humana y el crecimiento de la propia sociedad están mutuamente condicionados porque el principio, el sujeto y el fin de todas las instituciones sociales es y debe ser la persona humana, la cual, por su misma naturaleza, tiene absoluta necesidad de la vida social. La vida social no es, pues, para el hombre sobrecarga accidental. Por ello, a través del trato con los demás, de la reciprocidad de servicios, del diálogo con los hermanos, la vida social engrandece al hombre en todas sus cualidades y le capacita para responder a su vocación. (Constitución Pastoral, 1965)
En suma, el carácter humanista de Zuleta aparece como una propuesta tentadora que puede dar ejecución a ese presupuesto de la Constitución Pastoral por parte de la Iglesia Católica donde se resalta el engrandecimiento del hombre en vida social, que al estilo de Zuleta sería una pieza fundamental para involucrarse en el enfrentamiento de las situaciones que repercuten sobre la humanidad desde una formación política e integral.
                                                              
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                                                               cuento positivismo

el maestro y el escorpion


Un maestro oriental, vió como un escorpión se estaba ahogando, y decidió sacarlo del agua. 

Cuando lo hizo, el alacrán lo picó. Por la reacción al dolor, el maestro lo soltó, y el animal cayó al agua y de nuevo estaba ahogándose. 
El maestro intentó sacarlo otra vez, y nuevamente el escorpión lo picó. 
Alguien que había observado todo, se acercó al maestro y le dijo:
“Perdone… ¡pero usted es terco! ¿No entiende que cada vez que intente sacarlo del agua lo picará?”. 
El maestro respondió: 
“La naturaleza del escorpión es picar, y eso no va a cambiar la mía, que es ayudar”. 
Y entonces, ayudándose de una hoja, el maestro sacó al animalito del agua y le salvó la vida. 
No cambies tu naturaleza si alguien te hace daño; sólo toma precauciones. Algunos persiguen la felicidad,… otros la crean. 

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